Hace unos días hemos conocido una llamativa noticia: el periodista turco Burhan Can Terzi fue detenido en Estambul por su información asegurando el fichaje del alemán Jamal Musiala por el Galatasaray. Ha sido acusado por "presunta difusión pública de información engañosa" en un Estado que no se distingue precisamente por el respeto a la libertad de expresión y posteriormente fue puesto en libertad.
El Galatasaray lo desmintió y el periodista se ratificó en su información. El club lo acusa de difundir información falsa de manera repetitiva, lo que implica desprestigiar su gestión. Obviamente el traspaso no se produjo: es muy descabellado pensar que Jamal Musiala, una estrella del Bayern Múnich en plenitud y con contrato, se va a ir a Turquía. Terzi identificó su fuente, Oktay Ercan, empresario turco y propietario del Westerlo belga. Algo que en periodismo nunca se debe hacer: respetar a las fuentes es una máxima.
Opinión personal: confrontación de derechos
No esperéis por mi parte una enérgica defensa corporativista del periodista. Parece que el enfoque de la noticia por parte de la prensa deportiva española (e incluso mundial) es echarse las manos a la cabeza. Lo entiendo, pero solo en parte. Evidentemente no me parece bien que se haya detenido a un periodista deportivo en Turquía. Me parece que atenta contra la libertad de prensa y que es una barbaridad.
Dicho esto, esta moneda también tiene una cruz. En mi opinión, se puede plantear un interesante debate. Del mismo modo que existe libertad de expresión existe otro derecho el mismo artículo 20 de la Constitución Española de 1978 (aún me acuerdo!) que no se proclama tanto: recibir información veraz.
"Se reconocen y protegen los derechos: d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión".
¿No se está de alguna manera cercenando este derecho cuando se difunde información que luego se demuestra falsa, aunque sea sin mala intención? ¿Es este otro de los muchos derechos de nuestra Constitución que se incumplen sistemáticamente y no pasa nada?
Con esto no quiero decir que haya que meter en la cárcel a los periodistas ni críticos ni que se equivoquen en sus noticias, pero sí me parece que los reincidentes en propagar informaciones falsas deberían de tener algún tipo de castigo o multa. Los Roberto Gómez o Pedreroles, por ejemplo. Que sus actuaciones no queden impunes. Que no se pueda mentir de manera recurrente sin que pase nada. A lo mejor se le podría considerar una infracción administrativa, no lo sé, nunca desde luego pena de cárcel por lo penal. Sé que es una cuestión sensible y que puede generar controversia, por eso me gustaría leer vuestras opiniones en los comentarios.
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